Tenía pena, mucha pena, me encanta escribir con pena porque me libero del nudo en la garganta y de la amargura que punza como el puñal del “Cizarro”
Estaba todo listo, un yogurt de plátano, la luz de la lámpara apuntando hacia abajo para no encandilarme, la puerta cerrada para que nadie entre, la tele en “Mute” para no perturbarme, estaban todas mis extravagancias listas, para describir lo que paso hoy, que me tenía tan mal.
PERO… al abrir la cama con una cara de tres metros, vi un papel, de esos que usas tú, chiquititos y con unos cuadrados diminutos… lo abrí, y con un lápiz desgastado decía “Te amo” con tu letra tan erudita, lo leí cuantas veces pude en ese minuto de felicidad incontenible, lo doble tal como tú lo hiciste, lo bese y sonreí, y lo guarde en el cajón del velador, donde están tus papeles que ahí se quedaran por siempre
Perdón no puedo seguir, el recuerdo de la penuria me alcanzo, perdóname mucho quería escribirte contento, pero hoy y como lo ha venido haciendo, la penuria me envuelve y el papel y la tinta es mi consuelo
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